Cuando ciertas acciones afectan la reputación de una empresa, marca o figura pública puede considerarse “común”; sin embargo, cuando el presidente de una nación toma decisiones que ponen en riesgo vidas humanas y la relación bilateral con otros países, entonces se habla de una mala reputación en las “grandes ligas”.

El pasado 17 de junio, Donald Trump, jefe del Ejecutivo de Estados Unidos, se puso nuevamente en el ojo del huracán tras salir a la luz que más de 2 mil menores de edad son separados de sus padres al cruzar la frontera de México con la esperanza de llegar a Norteamérica, debido a su política de tolerancia cero hacia los migrantes.

Desde su pronunciamiento como candidato a la presidencia por los Republicanos, Trump mantuvo una reputación confusa en medio de opiniones divididas; empero, y a pesar de la ayuda que obtuvo de Rusia, resultó electo.

Apenas en enero cumplió su primer año al mando del país estadounidense con un 64 por ciento de rechazo, el mayor para un presidente desde 1945, y con el 36 por ciento de aceptación.

Sin embargo, quienes le fueron fiel durante su caótica campaña podrían seguirlo haciendo, por lo que ha embarcado en su línea de comunicación del escándalo al país entero.

Las jaulas de Trump

Trump se caracteriza por mantenerse en la mira mediática por diversas declaraciones y políticas.

Ahora, desde abril de este año, el gobierno de Estados Unidos ha separado a miles de niños de sus padres migrantes al cruzar la frontera de México. En tanto, Manuel Padilla Jr., Jefe de la Patrulla Fronteriza del Valle de Río Grande, señaló que la tolerancia cero busca disuadir a las personas de infringir la ley, la cual no busca separa a las familias, pero sí llevarse a los adultos cuando son acusados por los agentes.

Las familias han sido separadas durante semanas o meses, por lo que los menores son llevados a centros de detención. Anteriormente, la administración de Trump lanzó un video donde mostraban dichos centros como lugar “habitable” para los infantes, donde incluso había videojuegos y barberías.

Pero la realidad es otra: se encuentran alojados en campamentos que, a su vez, contienen espacios donde los menores pasan su tiempo encerrados en jaulas, además se deben cubrir con telas también de tipo metal.

En los planes del gobierno estadounidense está expandir dichos campamentos a lo largo del desierto de Texas, exponiendo que esta política responde a la “crisis” migratoria que vive el país.

De país de primer mundo a país de la tortura

La reputación va de la mano con la relevancia, y éstas se pueden calificar de lo negativo a lo positivo y viceversa; de tal modo que la administración de Donald Trump dejará una “mancha indeleble” en la imagen de Estados Unidos, ya que separar a los niños de sus padres constituye tortura, así lo declaró Amnistía Internacional (AI).

Erika Guevara Rosas, directora de AI en América, aseveró que “significa que estos actos cumplen con las definiciones de tortura, según el derecho estadunidense y el derecho internacional”.

Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dijo que las migraciones son “inevitables y necesarias”.

A su vez, Donald Trump escribió en su cuenta de Twitter que “Los arrestos se realizan contra quienes entran ilegalmente al país. De 12 mil niños, 10 mil son enviados por sus padres a un viaje peligroso y sólo 2 mil están con sus padres, muchos de los cuales están intentando entrar al país ilegalmente”.

“Es momento de que el Congreso cambie las ridículas y obsoletas leyes de migración. Se debe conseguir siempre, una fuerte seguridad fronteriza”, expuso.

Y a pesar de que firmó un decreto para poner fin a la separación de familias migrantes, su políticas y administración han perdido credibilidad; incluso, las redes sociales no han cesado de lanzar criticas y comparar la acción con los campos de concentración de Hitler.

Crisis nacional

Las acciones contra los migrantes se podrían convertir en la gota que derramó el vaso. Trump se encuentra ahora acorralado políticamente: la Cámara de Representantes en Estados Unidos hechó para abajo las leyes migratorias del mandatario con 193 votos a favor.

La crisis del gobierno norteamericano se alimentó aún más con la polémica portada del semanario Time, en la cual una niña migrante, que fue fotografiada por el ganador del Pulitzer, John Moore, se encuentra llorando frente a Trump mientras se ilustra con la frase “Welcome to América”.

Asimismo, 11 estados presentaron el 21 de junio una demanda ante la corte federal estadounidense contra las leyes de tolerancia cero de Trump. Al respecto, el fiscal general de Washington, Bob Ferguson, señaló que “esta es una política deshonesta, cruel e inconstitucional y vamos a ponerle un alto”.

No cabe duda de que la administración estadounidense busca el ‘bien’ social para el país, pero sus acciones reflejan afectaciones directas para los derechos humanos a nivel internacional.

Esta crisis sólo podría atenuarse si se otorga la razón a los reclamos, escuchando las voces y con un argumento válido que señale que sus medidas de seguridad fueron rebasadas, por lo que trataron de atenderlas de la mejor manera posible.

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